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martes, 25 de junio de 2013

55 Bienal de Venecia: Dibujos de Jung, Xul Solar y mucho más


Más allá del revuelo que llegó a provocar la primera presentación argentina en Pabellón propio, lo cierto es que la 55 Bienal de Venecia que ocupa casi toda la ciudad hasta el 24 de noviembre, incluidos los tradicionales pabellones de Giardini de Castello, y los más recientemente incorporados espacios del Arsenal, luce como una de las ediciones más sólidas de la última década. Sobre todo por el equilibrio –bastante infrecuente– que se da entre los envíos nacionales y la Muestra Internacional que, desde 1998, se encarga a un curador para que articule una investigación sobre un tema específico y a partir de él, una selección de artistas.
Este año el designado fue el crítico de arte y curador italiano Massimiliano Gioni, quien eligió como título El Palacio enciclopédico (foto). Un tema que remite a la desmesura imaginada por Marino Auriti, artista autodidacta italo norteamericano, quien a mediados de la década del cincuenta registró en la oficina de patentes de los Estados Unidos un proyecto de museo imaginario que aspiraba a albergar todo el conocimiento humano, desde la rueda a la máquina a vapor, o la evolución de la escritura. Y aunque la empresa nunca se concretó, Auriti llegó a diseñar una maqueta del edificio de setecientos metros de alto que imaginó como la sede de semejante museo.
Trasladada a Venecia desde los Estados Unidos, la maqueta abre de manera imponente el capítulo de la muestra internacional que se exhibe en el Arsenal. Si bien la idea de Palacio Enciclopédico apunta a múltiples perspectivas, sobrevuela la noción de archivo o catálogo infinito de signos que en muchos sentidos sintoniza con el concepto rector de la última Bienal de San Pablo. De hecho alguno de los artistas que participaron de ella, como el brasileño Artur Bispo do Rosario y el maestro de la Costa de Marfil, Federic Bruly Bouabréestán, están también en Venecia. Y como en San Pablo, Gioni puso el acento en ladisolución de límites y en los vínculos interdisciplinarios. Pero sobre todo, en la falta de distinción entre el artista profesional y el creador que opera por fuera del sistema.
La muestra se abre en el Pabellón Central ( ex Italia) de Giardini con la presentación del libro Rojo de Jung, una obra con dibujos en la que el célebre psicólogo trabajó por más de quince años. Es sorprendente la afinidad que muestran estas imágenes con las de Xul Solar. No es extraño entonces que el, amigo de Borges, que estuvo en Alemania en la segunda década del siglo XX haya sido incluido con sus Tarot, suAjedrez y sus minuciosos registros de diarios en un espacio especial al ingreso de los Giardini.
Además de Xul Solar, para la muestra central, Gioni convocó a Varda Caivano, pintora argentina que desde los años noventa vive en Londres. En la edición anterior había sido Amalia Pica, otra joven argentina residente en Inglaterra que participó en un ámbito similar. El tercer argentino, además de Nicola Costantino representante oficial en el pabellón argentino, que participa de la Bienal es Guillermo Srodek-Hart que con su “Carpintería Colonna” (foto) integra la muestra El atlas del imperio, que curó el alemán AlfonsHug –ex curador de San Pablo y la Bienal del Fin del Mundo –con artistas de América latina y Europa, en el pabellón del Instituto Italo Latinoamericano.
Como pocas veces antes los envíos de países muestran una intensidad muy pareja. Muchos coinciden en reflejar una honda preocupación por el curso de los acontecimientos en un mundo que parece acercarse al colapso en muchos sentidos. Algunos lo expresan desde una visión política dura, como el de Inglaterra, en la corrosiva visión del “ser inglés” que concibió Jeremy Deller en English Magic o una más conmovedora y poética como Lettter to a refusing pilot, de Akram Zaatari en el pabellón del Líbano. Otros, desde la crítica de costumbres, como Resistance en el turco o desde la necesidad de poner atención en lo que ocurre con la depredación del medio y la conservación de la naturaleza, como los Árboles caído s de Antti Laitinen en el de Finlandia, los de Lara Almarcegui en el Pabellón de España o Alfredo Jaar en el de Chile. Lo cierto es que los pabellones más interesantes son aquellos que desde visiones poéticas reflejan una profunda inquietud por lo que se hace o se deja hacer por el mundo que tenemos Y además, están los eventos y exhibiciones colaterales que son muchísimos y llenan al visitante de ansiedad, ya que resulta imposible abarcarlos todos. Entre las más importantes: Cuando las actitudes devienen formas, que recrea en la Fundación Prada la célebre muestra que organizó Harald Szeeman en Berna en 1969 y la muestra de Tapies en el Palacio Fortuny, Además un imperdible histórico: Manet en Venecia que rastrea los vínculos entre esta ciudad y el gran artista francés con piezas claves como la Olympia junto a la Venus de Tiziano y El almuerzo campestre en el Palacio Ducal.
Fuente: http://www.clarin.com/sociedad/Bienal-Venecia-debate-culto-crisis_0_943705669.html

martes, 2 de febrero de 2010

XUL SOLAR


Xul Solar, el visionario de la pintura argentina
por Eduardo Pogoriles

"Soy pintor, escritor, cabalista, astrólogo y liberal. Recreador y no inventor, campeón mundial de pan-ajedrez y de otros juegos serios que casi nadie juega, exégeta de doce religiones y filosofías que casi nadie escucha", decía de sí mismo Xul Solar en 1957, cuando mostró sus pinturas en la Galería Rubbers junto a Norah Borges y Battle Planas. Vivía haciendo cartas natales y horóscopos, "desde la época en que Lugones, Mastronardi, Arlt y muchos otros se interesaron por las ciencias ocultas. No se agotó en la pintura, era un místico con discípulos, entre ellos Borges, le enseñó mucho de Cábala y Budismo", cuenta Alvaro Abós, quien escribe una biografía de Xul."La muerte es la puerta de la vida y viceversa", aseguraba Xul Solar, quien murió a los 75 años en su casa-taller sobre el río Luján, en el Tigre. Era el 9 de abril de 1963 y desde entonces sus pinturas, que él regalaba a sus amigos, interesaron cada vez más. Muy valorado en Europa desde la década de 1970, sus acuarelas "cuestan hoy entre 50.000 y 180.000 dólares", admite el galerista Natalio Povarché, directivo de la Fundación Pan Klub que administra el legado del artista. Xul inspiró a Macedonio Fernández en sus "Papeles de recienvenido" y Marechal lo retrató como el astrólogo Schultze en Adán Buenosayres.Su verdadero nombre era Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari; nació en el pueblo bonaerense de San Fernando en 1887. Su padre era un ingeniero europeo que canalizó el Delta y luego trabajó en la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras. "Los Schulz Solari eran un matrimonio de clase media con un hijo único y superdotado, al que decidieron apoyar", cuenta Abós.Después de dominar seis idiomas y pasar por el Nacional de Buenos Aires, el 5 de abril de 1912 se embarcó como peón de a bordo en el buque inglés "England Carrier" y se bajó en Londres. Se quedaría en Europa hasta 1924, pintando y enterándose de lo que hacían Klee, Kandinsky, Picasso, André Breton y otros grandes vanguardistas europeos.En Italia decidió firmar sus cuadros como Xul Solar, por consejo de su amigo Emilio Pettoruti. Tenía 37 años cuando volvió a Buenos Aires y se encontró con los jóvenes inspiradores de la revista Martín Fierro, entre ellos Jorge Luis Borges. Además de exponer sus pinturas en Milán y París, había conocido a Alastair Crowley, un famoso ocultista. Desde 1929 Xul Solar fue maestro de la Logia Keppler, una de las seis de la Orden Rosa Cruz."Borges y Xul Solar tenían muchos intereses comunes, desde el amor por la literatura inglesa y las traducciones hasta el misticismo. La inmensa biblioteca de Xul con 3.346 volúmenes, tiene aún 80 libros relacionados con Borges", dice Patricia Artundo, curadora de los manuscritos del artista en el porteño Museo Xul Solar.Moviéndose entre su casa de la calle Laprida —actual sede del museo— y sus cursos de ocultismo, Xul Solar "prefería escaparle al ambiente de las artes plásticas y a veces regalaba sus obras a grandes amigos, como Borges, Girondo o Marechal. En 1954 abrió su taller en el Tigre, donde pasaba largas temporadas", cuenta Abós. Y agrega: "El era un bohemio; su cable a tierra era su esposa, Micaela Cadenas, empleada en la Presidencia de la Nación. Se casaron en 1946 y no tuvieron hijos, pero ella vio la necesidad de conservar el arte de Xul".