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sábado, 13 de febrero de 2016

El retrato de Adele Bloch-Bauer I’ de Gustav Klimt y la historia que lo rodea.

Los herederos de Paul Rosenberg recuperaron la pieza central de la que había sido una de las colecciones privadas de arte moderno más importantes del mundo: Mujer sentada (1924), de Henri Matisse. La historia dice que en 1938 Rosenberg era un importante marchante de arte vanguardista que representaba a pintores de la talla de Pablo Picasso, Henri Matisse y Georges Braque. Pero su trabajo se vio interrumpido cuando el Ejército nazi tomó la capital francesa y comenzó a perseguir a los judíos y a despojarlos de sus pertenencias. De ese modo, Rosenberg perdió su colección a pesar de que los dirigentes del Partido Nacional Socialista despreciaban el arte de vanguardia. Terminada la guerra, el francés duró años buscando sus obras y la que más anhelaba encontrar era Mujer sentada.

El cuadro de Matisse apareció escondido entre una caja de tomates en la casa de Cornelius Gurlitt, hijo de un coleccionista nazi que alcanzó a amasar una importante cantidad de obras durante la guerra. Era una de las 1.500 piezas encontradas por las autoridades alemanas en la casa de Gurlitt hace poco más de un año. Desde entonces, un grupo de historiadores de arte están dedicados a investigar el origen de cada una de ellas y la semana pasada devolvieron Mujer sentada, de Matisse, a los Rosenberg y Dos jinetes en la playa (1901), de Max Liebermann, a los descendientes del empresario David Friedmann.

Pero si la historia de una obra maestra de Matisse encontrada 70 años después en una caja de tomates en un apartamento de Múnich parece fantástica, la del Retrato de Adele Bloch-Bauer I (1907) –la dama de oro de Austria– lo es aún más. Tanto, que inspiró una película titulada La dama de oro, dirigida por Simon Curtis y protagonizada por Helen Mirren.

Durante 60 años este cuadro de Gustav Klimt estuvo en las paredes del Museo Belvedere en Viena y se convirtió en un ícono para los austriacos, que no sabían quién era la hermosa mujer retratada. La placa del museo decía La dama de oro. En realidad se trataba de la joven judía Adele Bloch-Bauer, cuya identidad había sido borrada por los nazis.  Pero en 2000 María Altmann –sobrina de quien había sido una de las mujeres más bellas de la alta sociedad vienesa- demandó al Estado austriaco para recuperar el retrato de su tía y dio comienzo a uno de los juicios más famosos de la historia.

Adele Bloch-Bauer formó parte de la llamada belle époque vienesa. En su casa se reunían con frecuencia el escritor Stefan Zweig, el compositor Gustav Mahler, el arquitecto Martin Gropius, el filósofo Sigmund Freud y el pintor Gustav Klimt con sus discípulos más destacados, Oskar Kokoschka y Egon Schiele. A pesar de venir de una familia conservadora, Adele y su marido, Ferdinand Bloch-Bauer, -un multimillonario dueño de una industria azucarera- se convirtieron en mecenas del arte vanguardista de Viena. Ferdinand pagó a Klimt millonarias sumas para que pintara a su mujer y este hizo dos retratos en estilos completamente distintos. Como era sabido que Klimt se acostaba con algunas de sus modelos –incluidas varias damas de la alta sociedad– corría el rumor de que Adele era su amante y tras la exhibición de Retrato de Adele Bloch-Bauer I se dijo que se estaba enamorado de ella.

Adele murió poco después de la Primera Guerra Mundial y su esposo convirtió su cuarto en una especie de museo en el que colgaban los seis cuadros de Klimt de la familia: dos retratos y cuatro paisajes. En su testamento, Adele dejaba sus adorados Klimt al Belvedere. Ferdinand pensaba honrar el deseo de su esposa, pero la llegada de las tropas nazis a Viena en 1938 y los horrores que siguieron lo hicieron cambiar de opinión.

En cuestión de días los Bloch-Bauer lo perdieron todo. Ya no eran una de las familias más ricas e importantes de Austria sino unos más de los millones de judíos desposeídos  de Europa. Fritz Altmann –esposo de María- fue enviado a un campo de concentración de donde salió cuando su hermano entregó al Estado su exitosa fábrica textil. Varios de sus vecinos y amigos se suicidaron, otros terminaron en campos de concentración y unos cuantos huyeron de Austria para no volver jamás. María y su esposo se asentaron en Estados Unidos donde tiempo después ella se reencontró con sus hermanos. Entre tanto, Ferdinand se refugió en Suiza.

Durante los años de guerra y poco después Ferdinand trató sin éxito de recuperar los Klimt. Antes de morir escribió un testamento en el que desautorizaba el escrito por Adele y dejaba los cuadros –alegando que él había pagado por ellos y era su verdadero dueño– y demás pertenencias a sus sobrinos. Pero recuperarlos iba a ser casi imposible.

Los nazis sabían el valor del arte confiscado a los judíos y lo habían declarado patrimonio austriaco para que fuera imposible sacarlo del país. Terminada la guerra muchos trataron de recuperar sus colecciones pero las reglas no habían cambiado. Los cuadros robados estaban en los museos más importantes del país y sus respectivos directores eran los mismos que cuando los nazis estaban en el poder.

En el búnker del Belvedere –construido durante la guerra para proteger las obras- guardaron los documentos que demostraban que cientos de los cuadros del museo –entre ellos los seis Klimt de los Bloch-Bauer– eran robados. La existencia de este archivo secreto se descubrió en 1998 cuando la disputa de los herederos de Egon Schiele por dos de sus cuadros obligó a las autoridades a abrirlo. La escandalosa información encontrada animó a María Altmann, de 85 años, a contratar un abogado y demandar a los austriacos.

El Belvedere alegaba que el testamento de Adele le dejaba los cuadros al museo y María y su abogado, Randy Schoenberg, se atenían al testamento de Ferdinand que anulaba el de Adele y al hecho de que los cuadros fueron entregados por un alto funcionario nazi. La victoria parecía imposible pero después de seis años de titánica batalla tres jueces austriacos votaron unánimemente a favor de María.

Meses después de haber recuperado los cuadros, la austriaca subastó cinco de ellos por más de 150 millones de dólares en una de las subastas más mediáticas de todos los tiempos. Retrato de Adele Bloch-Bauer I –también conocido como la Mona Lisa de Austria- fue vendido a Roland Lauder en una transacción privada por 135 millones de dólares, convirtiéndose así en uno de los diez cuadros más caros de la historia. Hoy la obra es la pieza central del Neue Galerie en Nueva York.  
Según explicó Schoenberg al LA Times, María vendió los cuadros porque se habían vuelto tan valiosos que le era imposible quedarse con ellos por cuestión de impuestos. Además, el interés de la vienesa nunca fue quedarse con las obras sino cerciorarse de que se hiciera justicia y asegurarse de que el mundo supiera la historia de su familia y la de su tía Adele.
Fuente: http://www.semana.com/cultura/articulo/la-asombrosa-historia-detras-del-retrato-de-adele-bloch-bauer-de-klimt/428906-3

jueves, 21 de abril de 2011

Un museo austriaco devolverá un 'Klimt' expoliado por los nazis

El nieto de una mujer deportada y asesinada en 1941 recuperará la obra, valorada en más de 20 millones de euros.-
Gustav Klimt (1862 - 1918) pintó en 1915 un paisaje titulado Litzlberg am Attersee que hoy en día está valorada entre 20 y 30 millones de euros. Un óleo que se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Salzburgo (Austria) y que ahora el centro artístico va a devolver al nieto de su propietaria original, una víctima de los nazis. Una decisión tomada tras el estudio del caso por parte de un grupo de expertos.
"Por muy doloroso que sea devolver esta pintura para la colección, la provincia y toda Austria, creo que el gobierno de Salzburgo debe permanecer en el camino iniciado en 2002 y no permitir beneficiarse de un régimen criminal", ha dicho esta mañana el director del Museo, Wilfried Haslauer. Se refiere al acuerdo alcanzado en ese año con varias organizaciones judías para devolver bienes robados por los nazis. El gobierno y el parlamento de la provincia tienen que aprobar la restitución de la obra, informa Reuters.
Los informes periciales encargados por el museo han determinado que Georges Jorisch es el dueño legítimo del óleo. Jorisch es el nieto de Amalie Redlich, deportada por los nazis a Polonia en octubre de 1941 y asesinada allí. La Gestapo -la policía secreta nazi - confiscó la pintura, que había sido adquirida por Redlich en 1938. Fue posteriormente comprada por un marchante de arte que intercambió la pintura al Museo de Salzburgo por otra obra. Según ha dicho el abogado de Jorisch a una emisora de radio austriaca, su cliente ayudará a crear una expansión del museo como gesto de gratitud.
En enero de 2009, este museo anunció que entre sus fondos se contaban entre 10 y 15 obras de "origen sospechoso", informa Efe. Entre las piezas sobre las que se tienen dudas sobre en qué circunstancias fueron adquiridas se cuentan piezas de artistas como Egon Schiele u Oskar Kokoschka. Esa fue la conclusión de la comisión creada por el museo para esclarecer el origen de las piezas y que estudió 1.100 dibujos, 100 grabados y 200 pinturas anteriores a 1945 y que llegaron al museo mediante donaciones o compras.
Fuente:http://www.elpais.com/articulo/cultura/museo/austriaco/devolvera/Klimt/expoliado/nazis/elpepucul/20110421elpepucul_1/Tes